Homenaje a Beby Juárez de Cruz Prats

Una mujer poderosa.
Una institución dentro de una institución: nuestra institución.
La escuela, tal como la vivimos hoy, fue primero pensada por Beby.
Antes de ser paredes, horarios y cuadernos, fue una idea suya.
Antes de ser práctica, fue su sueño organizado.
Formadora de formadoras.
Maestra de maestras.
Educadora al cuadrado.
A todas, de un modo u otro, nos tocó Beby.
Por una palabra, una decisión, una pelea, una mirada.
Es imposible no reconocerse atravesada por su influencia,
por su huella.
apasionada.
Tenaz.
Estratega.
Soñadora.
Pero no de las que se quedan en el deseo:
Beby soñaba con planos, con fechas, con personas.
Soñaba con método.
Se atrevía no sólo a imaginar,
sino a concretar.
Y eso es quizá lo más raro y más valioso:
haber tenido la audacia de pensar una escuela
y la terquedad de hacerla existir.
Porque su legado no es una estatua ni una placa:
es una alquimia virtuosa entre la política y la pedagogía,
es una práctica viva.
Está en las aulas,
en los equipos,
en las preguntas que no se resignan,
en la convicción de que la educación
no es adaptación al mundo,
sino construcción de uno más justo.
Por eso, honrar a Beby
no es sólo recordarla.
Es sostener la escuela que soñó
en tiempos que muchas veces empujan al retroceso.
Es seguir apostando por una educación pública, democrática y transformadora.
Beby vive
en cada docente que no baja los brazos,
en cada estudiante que descubre que puede,
en cada comunidad que cree
que otra escuela —y otro mundo—
siguen siendo posibles.
                                                                                                         Fernanda Marchese